El río Magdalena ofrece una manera de explorarlo: cruceros de lujo que conectan ciudades y pueblos históricos a través de itinerarios culturales y turísticos. En los últimos meses, el río Magdalena ha vuelto a ser protagonista de grandes viajes. Esta vez no se trata de embarcaciones comerciales o de transporte de carga, sino de cruceros fluviales de lujo que recorren el corazón del Caribe colombiano, conectando ciudades portuarias con pueblos que durante décadas miraron al río como su principal forma de vida. Estas rutas, operadas por la naviera internacional AmaWaterways, reconocida por embarcaciones diseñadas para el turismo premium, permiten a viajeros internacionales y nacionales navegar durante siete noches por uno de los afluentes más importantes del país, con itinerarios cuidadosamente diseñados para resaltar la diversidad cultural, histórica y natural de la región. Dos rutas, el mismo río Magdalena Las embarcaciones AmaMagdalena y AmaMelodía que hoy navegan por el Magdalena tienen dos itinerarios principales, diseñados para ofrecer experiencias similares, pero con variaciones en el orden de los destinos. La ruta Barranquilla-Cartagena comienza en la capital del Atlántico, donde los viajeros abordan el crucero e inician su viaje río arriba. Desde allí, la embarcación hace escala en localidades como Nueva Venecia y Santa Bárbara de Pinto, continúa hacia Mompox, continúa por El Banco y Magangué, pasa por Calamar y finaliza en Cartagena de Indias. Cada parada permite realizar excursiones guiadas que conectan al visitante con la historia local, la arquitectura colonial y las tradiciones ribereñas. El segundo itinerario, Cartagena-Barranquilla, cubre los mismos destinos, pero en sentido inverso. Parte desde la capital de Bolívar, con una primera parada en Gambote, corregimiento cercano a San Basilio de Palenque, y continúa hacia Calamar, Santa Bárbara de Pinto, Mompox, El Banco y Magangué. Antes de llegar a Barranquilla, el crucero incluye una escala en Usiacuri, reconocida por su tradición artesanal. Durante el viaje, los pasajeros disfrutan de experiencias culturales diseñadas en tierra firme, que incluyen recorridos históricos, muestras gastronómicas, música tradicional y encuentros con comunidades locales. A bordo, las embarcaciones ofrecen alojamiento, gastronomía y espacios pensados para la contemplación del paisaje fluvial. Así, el río Magdalena vuelve a convertirse en eje conector, esta vez a través de itinerarios turísticos que vinculan pasado, territorio y navegación.





