Dueño de la importante fábrica de arroz de Sonora, de 2 fincas ganaderas en el Meta, empresario del plástico y accionista de varias firmas: este fue su portafolio rentable. A las 3:45 de la tarde del miércoles, cuando el flujo de gente del norte de Bogotá se mueve con el apuro habitual, Gustavo Andrés Aponte salió del gimnasio Bodytech de la calle 85. Caminó con la naturalidad de quien termina una rutina y regresa a su día. Junto a él estaba su escolta, Luis Gabriel Gutiérrez. A pocos metros, un hombre vestido con traje y corbata llevaba varios minutos esperando. El hombre estuvo atento al ritmo de entradas y salidas, midiendo tiempos y evitando llamar la atención en una zona acostumbrada a ver ejecutivos, vecinos de alto perfil y personal de seguridad privada. Cuando Aponte y Gutiérrez cruzaron el punto que él había elegido, el hombre del empate se acercó a ellos por detrás y disparó cuatro veces. Luego corrió poco menos de una cuadra hasta subirse a una motocicleta TVS Apache 200 que lo esperaba con el motor en marcha, conducida por otro hombre con el mismo traje formal. Ambos huyeron hacia el sur por la carrera Séptima. | Lea también: ¿Quién era el empresario y auditor que fue asesinado ingresando a su oficina cerca del Parque de la 93? Diez minutos después, un camión de bandeja blanca se detuvo frente a la Clínica Country. Dos trabajadores del gimnasio habían improvisado un traslado de emergencia. Aponte y su escolta llegaron con vida, pero las heridas no tuvieron tiempo de esperar. La escena cerró con dos muertes y una investigación en curso en un sector donde la vigilancia es intensa y la actividad de las cámaras es constante. La Policía comenzó a reconstruir las últimas rutas del empresario y el mapa de sus actividades económicas recientes. El emprendedor A sus 46 años, Gustavo Andrés Aponte había construido un portafolio de negocios concentrado en la industria del plástico, con ramificaciones en la agroindustria y la ganadería. No era un nombre mediático, pero sí una figura muy conocida en los círculos empresariales regionales. En la Empresa Colombiana de Soplado e Inyección, firma creada en 1993 y dedicada a la fabricación de artículos plásticos para distintos usos, ocupó un cargo directivo y fue accionista con un 2,5 por ciento de participación. La empresa tiene operaciones en Atlántico, Cauca, Antioquia y Bogotá, huella que refleja una estructura productiva distribuida y una red de clientes de la que depende la continuidad de ese negocio industrial. Desde ese cargo, Aponte participó en las decisiones de expansión, compras de insumos y relaciones con proveedores en un sector que vive de la escala y la estabilidad de los contratos. También figuraba como accionista de Flexo Spring, empresa enfocada a la fabricación de artículos plásticos, donde su participación era del 1,62 por ciento. En esa firma trabajaba su guardaespaldas, Luis Gabriel Gutiérrez, lo que explica la relación profesional que los unía más allá del esquema de protección personal. Aponte se movió en el circuito empresarial con perfil bajo, sin exposición pública, pero con presencia en reuniones y decisiones operativas. | Lea también: Policía investiga si el asesino de la patinadora Luz Mery Tristán era su novio. Su cartera también incluía 146 acciones de Inversiones Aga, empresa registrada en la Cámara de Comercio del Cauca desde 1998 y dedicada a la producción de artículos de plástico y metal. Y tuvo un papel más visible en Incoltapas, fundada en 1972, una empresa tradicional en el sector que produce artículos de plástico y metal. Allí se desempeñó como administrador y accionista, con 2.247 títulos registrados. Este cargo le situó en la primera línea de gestión: administración de personal, relaciones con clientes industriales, cumplimiento de contratos y gestión de costes en un contexto donde la presión por las materias primas y la energía ha marcado los últimos años del sector manufacturero. Arroz y ganadería Más allá de las fábricas y los balances, dos de los negocios que generaron mayores retornos estaban lejos de las zonas industriales. Una era la copropiedad de la marca Arroz Sonora, una de las más vendidas en el país. El negocio del arroz implica una cadena que va desde el cultivo hasta el procesamiento, el envasado y la distribución, con márgenes de beneficio ajustados por la volatilidad climática, los costos de los insumos y la competencia de marcas establecidas. Arroz Sonora se ha posicionado en los lineales de los supermercados y en las tiendas de barrio, con presencia sostenida en regiones donde el consumo de arroz forma parte de la dieta diaria. Aponte participó en las decisiones estratégicas de esa marca, desde la compra de granos hasta acuerdos de distribución. El otro eje de su herencia estuvo en el Meta, donde fue uno de los dueños de dos grandes fincas ganaderas, negocio heredado de su padre, Gustavo Adolfo Aponte, líder del sector. La Angostura y La Alcancía formaron parte de un proyecto productivo que combinó la tradición familiar con prácticas técnicas modernas. La Alcancía, ubicada en la vereda San Nicolás, en el municipio de Cumaral, tiene una superficie de 1.800 hectáreas, de las cuales 327 están destinadas a bosques de galería, áreas de protección de tuberías y sombra para ganado. La ganadería allí se ha especializado en la genética y el cruzamiento Brahman, centrándose en la productividad en campo abierto. La Angostura, por su parte, complementa el esquema con una operación ganadera que suma un importante número de cabezas de ganado en la región, consolidando un bloque productivo que representa uno de los activos más importantes de la familia. Ese legado ganadero había sido reconocido públicamente cuando su padre recibió una de las más altas distinciones en el gremio por su trayectoria al frente de Agropecuaria Alfa, la empresa que articula las operaciones de las fincas. Gustavo Andrés proyectó la continuidad del proyecto en una nueva generación, con inversiones en genética, gestión ambiental y procesos de transformación de la carne. Paralelamente a su actividad empresarial, Aponte participó como miembro principal de una fundación enfocada en apoyar a menores en situación de vulnerabilidad en el sector Patio Bonito, en el sur de Bogotá. En los últimos meses había fortalecido sus vínculos con una parroquia del norte de Bogotá, donde se había sumado a actividades comunitarias. Eran facetas menos visibles de un empresario que dividía su tiempo entre reuniones de directorio, recorridos por plantas industriales y visitas periódicas al Meta para supervisar la operación ganadera. Hoy, mientras las autoridades revisan cámaras y reconstruyen la ruta de los asesinos, la investigación judicial inició la búsqueda de quienes están detrás del crimen y sus móviles.






