Un influencer que combina rupturas familiares, rehabilitación y acusaciones que se recuerdan tras su paso por el reality de RCN Cuando Nicolás Arrieta cruzó la puerta de La Casa de los Famosos Colombia lo hizo cargando más de una maleta. Detrás del personaje conocido por su lenguaje frontal y su constante presencia en las redes sociales, se esconde una biografía atravesada por la inestabilidad emocional, la exposición temprana, procesos clínicos y episodios judiciales que marcaron su carrera pública y personal. Durante el segmento La Línea de la Vida, el creador de contenido decidió contar los momentos más significativos de su pasado. No presentó una historia de éxitos continuos, sino más bien una sucesión de avances y retrocesos, marcada por cambios abruptos y decisiones impulsivas que tuvieron consecuencias duraderas. Nicholas nació en un hogar separado. Sus padres no vivían juntos y su crianza se desarrolló principalmente con su madre, aunque mantuvo una presencia paterna. Desde pequeño, su proceso educativo fue irregular: pasó por al menos siete colegios y terminó el bachillerato mediante convalidación, una vez cumplida la mayoría de edad. La inestabilidad escolar fue una constante que luego se trasladó a otros ámbitos de su vida. Redes sociales, fama temprana y pérdida de control En 2008, mientras terminaba sus años escolares, Nicolás Arrieta entró en contacto con las redes sociales. Lo que empezó como curiosidad pronto se convirtió en una plataforma de visibilidad. Creó páginas, difundió contenidos provocativos y llamó la atención inventando rumores sobre sí mismo. La viralidad llegó en 2012, cuando uno de sus vídeos se difundió masivamente y su número de seguidores creció rápidamente. Con el reconocimiento llegaron los acontecimientos, el dinero y una vida marcada por los excesos. Nicolás ha calificado ese período como un período de constante desorden, asociado a una identidad pública irreverente. La fama se consolidó antes de que existiera una estructura emocional que la sustentara y los conflictos personales comenzaron a multiplicarse. Paralelamente al crecimiento digital, Arrieta comenzó a consumir sustancias psicoactivas a los 18 años, situación que afectó su salud mental. Finalmente, le diagnosticaron depresión y ansiedad. En 2024, luego de una serie de crisis, ingresó a una clínica de salud mental, donde permaneció en proceso de reposo y tratamiento. Según su propio relato, cuando se fue no conservaba estabilidad económica ni personal. También puedes leer: La actriz colombiana que estuvo en La Casa de los Famosos y que ahora ‘la rompe’ en La Reina del Sur Denuncias públicas y consecuencias judiciales En 2018, la vida pública de Nicolás Arrieta enfrentó uno de sus momentos más críticos. Cinco mujeres publicaron videos denunciando presuntos abusos psicológicos y sexuales ocurridos durante las relaciones sentimentales con la YouTuber. Los testimonios describieron dinámicas de manipulación, humillación y situaciones de desigualdad de poder que, según ellos, derivaron en profundos efectos emocionales. Tras la publicación de los videos, los denunciantes recibieron amenazas en las redes sociales, algunas de ellas de carácter violento. Estos hechos derivaron en denuncias ante la Fiscalía por intimidaciones, presuntamente realizadas por personas cercanas al entorno de la influencer. Las denuncias no derivaron en condenas penales por los hechos denunciados, pero sí establecieron un debate público de alto impacto en torno a su figura. Arrieta negó haber cometido abusos y respondió a las acusaciones en entrevistas y redes sociales, rechazando también las amenazas contra las mujeres. El episodio marcó un punto de inflexión en su imagen pública y en su relación con parte de la audiencia. La realidad como nuevo escenario para Nicolás Arrieta Hoy, Nicolás Arrieta se encuentra en La Casa de los Famosos Colombia, un «experimento» (como él mismo explicó) en el que sobrevive en condiciones especiales. Dentro del programa confirmó que se encuentra medicado y con apoyo psicológico permanente. Además, explicó que está pasando por un proceso de desintoxicación, por lo que tiene restricciones en su rutina diaria, como evitar estimulantes. Así, el encierro televisivo se ha convertido en un espacio donde se unen su pasado digital, sus procesos de salud mental y los episodios que aún pesan sobre su nombre.





