Imboo, la esmeralda gigante que superó a Fura que encontró Víctor Carranza y sacudió el mercado mundial

Imboo, la esmeralda gigante que superó a Fura que encontró Víctor Carranza y sacudió el mercado mundial

Extraída en Zambia y subastada en Bangkok, la piedra de 11.685 quilates marcó un nuevo hito en el negocio mundial de las esmeraldas. La esmeralda Imboo se vendió tranquilamente. Dos millones de dólares, una subasta privada, un comprador desconocido y una piedra que, por su peso, acaba de alterar el pequeño ranking simbólico de las grandes esmeraldas del mundo. Ganó silenciosamente. Incluso superó a la colombiana Fura, durante años un referente ineludible cuando se habla de gigantismo verde. Imboo pesa más. Y ese dato, en este negocio, no es menor. La escena ocurrió lejos de Zambia, de donde fue extraída. Sucedió en Bangkok, entre agosto y septiembre de 2025, en una subasta organizada por Gemfields, una de las empresas que hoy define el pulso global del mercado de las esmeraldas. La venta fue un éxito en términos generales: todos los lotes ofrecidos encontraron compradores y los ingresos totales superaron los 30 millones de dólares. Pero Imboo era otra cosa. No fue simplemente otro lote. Fue la pieza que centró la atención, la que justificó el viaje, la que fue observada con una mezcla de cálculo financiero y asombro físico. Lea también: La invaluable esmeralda colombiana que terminó en manos de los gringos, pesa más de 800 quilates Imboo fue extraída el 25 de agosto en la mina Kagem en Zambia, operación controlada en un 75% por Gemfields y un 25% por el Estado de Zambia. Su nombre significa búfalo. No es una metáfora poética, es una descripción funcional. La piedra pesa 11.685 quilates y conserva una integridad estructural inusual para un cristal de ese tamaño. No es sólo grande: es completo. Eso explica su valor y rareza. En el mundo de las grandes esmeraldas, el peso importa tanto como la historia. La Teodora, encontrada en Brasil, sigue siendo la más pesada conocida: 57 mil quilates. Es casi una anomalía geológica, una pieza que parece pensada más para museos que para joyeros. En Colombia la historia reciente estuvo marcada por dos nombres: Fura y Tena, las esmeraldas descubiertas en Muzo que pertenecieron a Víctor Carranza. Fura, la más conocida, pesa alrededor de 11 mil quilates. Durante años fue presentado como uno de los más grandes del planeta. Imboo lo supera. No por un margen espectacular, pero sí lo suficiente como para desplazarla de la historia. Este desplazamiento no es sólo simbólico. Habla de un cambio silencioso en el mapa global de las esmeraldas. Zambia, considerada durante décadas una alternativa secundaria a Colombia, hoy aparece como un actor central. Kagem es la mina de esmeraldas en operación industrial más grande del mundo. Desde 2009, sus subastas han generado más de 1.100 millones de dólares. No es un fenómeno reciente ni un golpe de suerte. Se trata de una política sostenida de control de suministro, trazabilidad y venta estructurada. Lea también: Los tipos duros del negocio de las esmeraldas que apuestan por Muzo La historia de Imboo también está atravesada por decisiones empresariales. A principios de 2025, Gemfields suspendió la actividad en la mina Kagem. La decisión se tomó porque en ese momento había muchas esmeraldas en el mercado y la demanda no era la mejor. El precio, ese termómetro implacable, no justificaba seguir extrayendo. Meses después, una subasta positiva permitió reabrir dos frentes mineros. Imboo apareció en ese contexto, como confirmación material de que la apuesta no había salido mal. La piedra se vendió por casi dos millones de dólares. No hay confirmación oficial, pero las estimaciones del sector coinciden. Tampoco se sabe quién lo compró. En este negocio, el anonimato es parte del trato. Lo que se sabe es que todos los ingresos serán repatriados a Zambia y que el Estado recibirá las regalías correspondientes. Es un modelo que busca legitimar la minería de gemas en un mundo cada vez más atento al origen de lo que consume. Gemfields conoce bien ese equilibrio. Desde 2015 también opera en Colombia, en minas de Boyacá como Coscuez, un territorio lleno de historia, conflictos y esmeraldas legendarias. La empresa ha intentado trasladar allí el mismo esquema aplicado en África: control, transparencia, subastas formales. No es una tarea fácil en un país donde la esmeralda fue durante décadas sinónimo de informalidad y violencia. Pero ese cruce entre Zambia y Colombia, entre Kagem y Boyacá, hoy es parte de la misma historia empresarial. Imboo no se tallará inmediatamente. Quizás nunca lo sea. Algunas piedras existen para demostrar que la tierra aún puede sorprender. Su valor no está sólo en lo que podría llegar a ser, sino en lo que ya es: una masa verde que desafía las escalas, que reorganiza rankings y que confirma que, incluso en un mercado saturado de cifras, hay hallazgos que aún logran detener la mirada. En silencio, sin una epopeya declarada, una esmeralda africana acaba de pesar más que una colombiana. Y ese hecho, simple y frío, dice mucho más de lo que parece.

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