Los Firehawk, de operación nocturna y alta capacidad de carga y fabricados por una empresa norteamericana, cambiarán la respuesta del Estado ante el fuego. Cada vez que el humo y las llamas cubrieron montañas, pueblos o reservas naturales, el país volvía al mismo escenario: brigadas exhaustas en tierra, bomberos limitados por la geografía y aviones que no siempre llegaban a tiempo. Colombia aprendió a combatir los incendios forestales con lo que tenía, no con lo que necesitaba. Ese desfase, que se hizo evidente en las emergencias de 2024, acabó empujando una decisión que hoy empieza a gestarse en hangares y pistas: la llegada de dos helicópteros específicamente diseñados para apagar incendios desde el aire. Lea también: Carlos Carrillo pierde el pulso y Petro entrega el expediente de Daniel Quintero al Fondo de Adaptación Los S-70 Firehawk que se alistan para entrar en operación no son una compra aislada ni un gesto simbólico. Son el resultado de presiones reales, de incendios que se extendieron fuera de control en el sur del país, de ecosistemas en riesgo y de una institución que, después de un escándalo de corrupción sin precedentes, necesitaba demostrar que podía volver a hacer bien su trabajo. La gestión estuvo a cargo de Carlos Carrillo, actual director de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, quien asumió tras la salida de Olmedo López, procesado como autor intelectual de una trama que desvió más de 40 mil millones de pesos provenientes de la compra irregular de camiones cisterna para La Guajira.} Carrillo recibió una entidad golpeada, cuestionada y en observación permanente. En ese escenario, avanzar en una adquisición internacional de alto valor no era una medida cómoda. Sin embargo, la urgencia operativa acabó superando el miedo al error. En septiembre de 2024, cuando el país enfrentaba simultáneamente más de 20 focos de incendios en diferentes departamentos y Palermo, en el Huila, concentraba la mayor atención, la UNGRD presentó la solicitud formal al Gobierno para la compra de helicópteros especializados. No un avión cualquiera: se necesitaban plataformas capaces de volar de noche, transportar grandes volúmenes de agua y operar en condiciones extremas. El camino elegido fue un convenio entre la UNGRD y la Fuerza Aeroespacial de Colombia, por cerca de 150 mil millones de pesos, con el apoyo técnico de la Corporación de la Industria Aeronáutica de Colombia. La FAC, además de participar en el proceso de compra, también asumió la responsabilidad de ser la única responsable de operar la poderosa aeronave. Lea también: Una aseguradora estatal fue la única que tomó medidas para salvar los 80 camiones cisterna de la UNGRD Estos helicópteros fueron fabricados por la firma Sikorsky, empresa norteamericana reconocida por el desarrollo del Black Hawk. El Firehawk es una evolución de esa plataforma, adaptada durante más de tres décadas para combatir incendios forestales. No se trata de una conversión básica: integra sistemas certificados para lanzamiento desde agua, operación nocturna con visión especializada, navegación en ambientes hostiles y una estructura preparada para cargas pesadas sin sacrificar la estabilidad. Cada uno puede transportar hasta mil galones de agua en un tanque integrado que se recarga en menos de 60 segundos a partir de fuentes naturales. En la práctica, esto significa menos tiempo de espera, más ciclos de descarga y una capacidad mucho mayor que los helicópteros tradicionales. También puede operar de noche, un punto crítico en Colombia, donde muchos incendios se reavivan cuando los aviones convencionales deben suspender sus operaciones. La experiencia acumulada por la Fuerza Aeroespacial con los helicópteros UH-60 fue uno de los factores que inclinó la balanza. Colombia ha operado esta familia de aviones durante casi 40 años tanto en misiones militares, humanitarias y de rescate. Esto se traduce en pilotos capacitados, técnicos especializados y una infraestructura que ya existe. Los Firehawks no llegan a territorio inexplorado: llegan a una institución que sabe cómo pilotarlos y mantenerlos. Además de apagar incendios, estos aviones pueden transformarse rápidamente según la emergencia. En menos de una hora se pueden configurar como ambulancia aérea para evacuaciones médicas, helicóptero de búsqueda y rescate o plataforma de transporte humanitario. Su autonomía de hasta dos horas y media les permite recorrer largas distancias y su rendimiento no se ve afectado por la altitud: pueden operar desde el nivel del mar hasta más de 4.000 metros, condición imprescindible en un país con sierras, selvas y sabanas. Hoy, los dos Firehawk se encuentran en la fase final de preparación técnica. Se encuentran realizando los últimos procesos de mantenimiento y pintura con los colores de la Fuerza Aeroespacial de Colombia. La expectativa es que entren en funcionamiento a principios del próximo año, una vez que se completen las verificaciones finales. No serán una promesa, sino una herramienta lista para ser utilizada cuando el país la necesite. La comparación con el pasado es inevitable. Mientras los camiones cisterna de La Guajira se convirtieron en el símbolo de la corrupción que dejó a comunidades sin agua, los Firehawk buscan convertirse en el ejemplo opuesto: una compra diseñada desde la necesidad real, ejecutada con apoyo técnico y con un impacto directo en la atención de emergencias. No solucionan todos los problemas, pero sí corrigen una ausencia histórica en la capacidad aérea del Estado.





